MADURO secuestrado por los COBARDES EE.UU.

 

Alerta profética: madrugada de traición y agenda oculta contra las naciones

En la medianoche del 3 de enero de 2026, se desató un hecho que sacude a las naciones y confirma lo que ya había sido advertido por la voz profética: Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, fue secuestrado en un operativo ejecutado en la oscuridad de la madrugada.

 

En un acto de abierta cobardía y traición internacional, los Estados Unidos de América irrumpieron militarmente en territorio venezolano, lanzando ataques con misiles y desplegando más de 150 aeronaves de guerra desde distintos puntos estratégicos. Todo ocurrió mientras el pueblo dormía, como actúan los ladrones y los enemigos ocultos.

 

Alrededor de las 2:00 de la madrugada, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron privados de su libertad. No fue una acción de justicia, fue una emboscada nocturna, una operación ejecutada sin honor, sin aviso y sin respeto a la soberanía de una nación.

 

Una vez consumado el ataque, Estados Unidos declaró su intención de dominar el gobierno de Venezuela bajo el viejo y repetido discurso de una supuesta “transición de gobierno”. Ya conocemos ese libreto: invasión, control, saqueo y destrucción.

 

En los últimos días, Donald Trump ha dejado claro que su verdadero interés no es la lucha contra las drogas, sino el control del petróleo y de los recursos estratégicos. Las evidencias hablan por sí solas: el caso de Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado a más de cuatro décadas por narcotráfico, y que —según se denuncia— fue liberado recientemente con el aval de Trump. Para ellos, el narcotráfico no es problema cuando sirve a sus intereses.

 

La agenda oculta: Nicaragua y el plan contra las naciones

La verdadera meta de Donald Trump va más allá de Venezuela. Su objetivo es apoderarse de la República de Nicaragua, para impedir la construcción del Gran Canal Interoceánico, una obra que se convertiría en el puente estratégico de las potencias emergentes.

 

El plan final es claro y profético: preparar el escenario para destruir a la gran ramera, Babilonia la grande, el sistema corrupto, económico, militar y espiritual que domina a las naciones, tal como lo declara el libro de Apocalipsis.

 

Nada de esto es casualidad. Las piezas se están moviendo, y lo que hoy muchos llaman política, en realidad es profecía en cumplimiento.

 

El que tenga oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las naciones.